Thursday, October 12, 2006

90 años del América..Uno de los equipos grandes del futbol mexicano


Un cielo acorazado cierne sus nubes sobre las instalaciones de las Águilas en Coapa. Decenas de chiquillos vestidos de azul y amarillo se aprestan para dibujar una C y una A. Ahí, sobre el césped en el que hace unas décadas los Borja, Reinoso, Tena, Ortega, Zelada, Santos, Zague y muchos otros americanistas prepararon innumerables batallas, hoy los niños de la escuela de futbol de los emplumados se muestran llenos de fe para alguna vez emular a sus ídolos y celebrar los 90 años de historia del América: "Todo un estilo de vida", coinciden figuras del pasado con el presente y el futuro del club azulcrema.
Es difícil imaginar que uno de los equipos grandes de México, hace 40 años se aprestaba a obtener su primer título de Liga en la era profesional.
América ni siquiera tenía como casa el Estadio Azteca. Era la campaña 1965-1966, Arlindo dos Santos lo recuerda con detalle.
"Yo venía del Botafogo, y llegué para, junto a jugadores como Vavá, José Alves, el papá de Zague, forjar la grandeza de un equipo que siempre va a ser grande", dice el brasileño, quien se asegura tocado por Dios, "elegido para hacer el primer gol en el Azteca (29 de mayo de 1966)".
"Desde que llegué, el compromiso fue salir campeones. Era dar todo lo que traíamos para el club. Nosotros conseguimos hacer del América un equipo que llenara estadios".
Ahora la situación es lo contrario. "El americanismo ha crecido tanto que hoy la afición es la que le da a los jugadores. Ahora los seguidores son los que obligan al compromiso. El América me trajo a México y yo quise quedarme en México y ser siempre parte del América". Porque Arlindo y compañía fueron la luz que alumbró el camino de una enredada oscuridad que prometía clarear.
Eran tiempos de cambio en los Cremas. Nuevo estadio, nuevas instalaciones. Las mismas de hoy en Coapa, por las que los años parece que no han pasado.
Las mismas que vieron llegar para la década de los 70 a Carlos Reinoso, un chileno chaparrón con una calidad, entrega y amor por los colores que le valieron que su número, el 8, se retirara durante algunos años de la alineación americanista.
Reinoso lo presume. "América lo es todo para mí. Mi casa, mi amor, algo que no cambio por nada".
Incluso lo considera como "más que un sentimiento, es la vida, es todo. Yo soy americanista a muerte".
Campeón con América como jugador en dos ocasiones en la Liga, una en la copa y una en la Copa Interamericana, además de ser monarca como técnico en la institución dice, "marcan la diferencia, una historia que te hace ser un referente".
Por eso asegura. "No cualquiera puede con la playera del América, esa prenda pesa y mucho. Hay que tener mucha personalidad y querer al equipo como si hubiéramos nacido aquí".
De ahí que el 90 aniversario signifique, "un momento como cuando los hijos cumplen años. Momentos... No, me quedo con el montón de campeonatos que ganamos y por supuesto esa final ante Chivas".
Si hay alguien en Coapa que recuerda aquella final de 1983-1984 ante el Guadalajara con la sangre en ebullición es Alfredo Tena.
El Capitán Furia lo recuerda como el instante cumbre de su carrera. "Ese día anoté un gol y lo festeje como ningún otro, fue el momento cumbre de aquella camada, aunque luego fuimos bicampeones en 88-89 contra Pumas y Cruz Azul".
Al igual que Arlindo y Reinoso, para Tena el América es más que un simple equipo de futbol. "Está es mi segunda casa, me dieron disciplina, orden y respeto".
Pero si al Capitán Furia no se olvida, a Zague tampoco. Nada más ver que uno que otro niño con el número 17 en la playera recuerda que en 1985 llegó a México Luis Roberto Alves, hijo de José Alves, aquel Lobo Solitario de los 60, un chico del que se dudaba pudiera no igualar, sino acercarse a lo hecho por su padre, algo que sin duda superó.
Zague acepta que "América me marcó", incluso menciona a quien para su gusto fue el máximo exponente del americanismo: "Cristóbal Ortega".
Pasan figuras y el nido no cambia. Ahora es Guillermo Ochoa el heredero de tantas glorias. "América es demasiado. Significa el cariño de la gente, la exigencia al máximo", dice.
"Llegar aquí lo sueña todo niño, ganar un lugar y hacer historia, porque quiero tener una historia tan grande como la de los ídolos que estuvieron aquí".
Por eso termina: "Para mí esto es una bendición, porque América es una religión", que hoy propaga con decenas de chiquillos como seguidores que sueñan con abrir ese cielo acorazado y volar, tan lejos como las Águilas en 90 años de historia. (Arturo Salagdo, El Universal)

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